lunes, 27 de febrero de 2017

Música para escribir ¿o escribir para musicalizar?

¿Qué escucha el escritor?

Todos tenemos nuestra música favorita. Pero no todos escuchamos lo mismo cuando escribimos.
No te vale escuchar jazz si estas escribiendo un relato de terror, ni heavy metall si estas en medio de un romance.

Cuando leía “El Hobbit”, por ejemplo, solamente escuchaba a Strauss. Todo su repertorio fue la banda sonora de las travesías de Bilbo y compañía. El caso contrario fue con, por ejemplo, “Las Aventuras del Capitán Alatriste”, que me la pasé escuchando rock y música de películas. (Son 7 libros…)

Ahora, leyendo a Asimov y su “Fundación”, con Vangelis de fondo, el viaje es hasta más realista, si es que se puede…

De un tiempo a esta parte, también lo que escribo necesita de una banda sonora en particular. No puedo estar escribiendo algo que pasa en 1980 con música de ahora. Para una corta novela policial puse mucho jazz. Para un cuento de terror me sirvió una música japonesa. Aunque a veces la música también está de más. Hay que decirlo.

Sin embargo, la música le pone ritmo y le da tono a lo que escribo. Así como hay quienes no usan música o se conforman con el ruido ambiente, para  mí no tener música de fondo es como estar mirando una pared en blanco. Me molesta y desconcierta a la vez.

Lo mejor para encerrarse a escribir es un buen par de audífonos y un lugar sin gente, la pipa a mano y una playlist definida para iniciar bien el viaje.


Lo demás es simplemente disfrutar del camino. 




El capitulo interminable - o el capitulo de mierda! -

Terminaste de escribir tu maravilloso libro o cuento y estás listo para revisarlo creyendo ilusamente que no queda nada que arreglar…

Y te topas con ese capítulo de mierda que no tiene pies ni cabeza, pero que mientras escribías parecía que era el mejor de todos, pero resultó ser un refrito de un capitulo de Mc Iver o de Los Magníficos… así de malo salió….

Y hay que arreglarlo. No vale de nada sacarlo, borrarlo, olvidar que era parte de la historia porque ahí pasan cosas que definen el final de la misma…

Pero es malísimo…

Cuando un capitulo es malo, eliminarlo es lo mejor, pero cuando es malo y mas encima define cosas dentro de la trama, la cosa se complica…

Esos capítulos “cacho” son como las uñas largas de los pies… te acostumbras tanto a ellas que cuando te das cuenta que estorban te da melancolía eliminarla…

Es entonces que el escritor se convierte en editor y en el Jason Voorhees de las letras. Hay que eliminar lo que no sirve…. Porque de modificarlo….

Hay, pero es que da penita eliminar ese capítulo…

¿Qué hacer si el capítulo que salió malo define también el final de la historia – o de algún personaje - de la misma?

Cuando cortarlo – o eliminarlo- no es opción….


Lo que he hecho ante esa encrucijada –eliminarlo no sirve, modificarlo es un problema – es dejarlo de lado y seguir derecho con lo demás. Entre café y café, pipazo y pipazo, y otras cosas, lo tomo el capitulo, lo rayo, lo vuelvo a escribir – sin modificar la medula – y lo escribo en, a lo menos, 3 maneras distintas: 1ra persona, 3ra persona, y como crónica de diario amarillista. Todo eso es un puro ejercicio. El ángulo correcto va saliendo poco a poco, como estar haciendo una espada, con firme trabajo de fragüe, golpe de martillo y enfriamiento violento, a pulso, sin parar, el mal capitulo termina siendo lo que de un comienzo debió ser: EL MEJOR del libro.

O al menos el más entretenido.

Porque, seamos serios, si tienes al menos un poco de vocación, amor y pasión por lo que haces, con dejarlo como está no basta. Por lo general, en este punto uno es bastante perfeccionista, llega a ser molesto lo auto critico que se vuelve uno con los años. Al comienzo le tienes tanto cariño a tus personajes que te da cosita hacerlos sufrir. Pero una vez que empiezas, te conviertes en un desgraciado, un asesino en serie, un sicópata sin corazón, un Zeus que juega con sus hijos por puro morbo de verlos sufrir. Un ejemplo de este tipo de creador es el bueno de G.R.R. Martin, quien nos hace encariñarnos hasta con el más desgraciado de sus personajes para luego hacerles de todo sin remordimiento. Aunque ejemplos puede haber más y mejores: H.P. Lovecraft, Stephen  King….  Por nombrar a los mejores….

Yo, por lo general, les doy con todo a los secundarios y veo como sufre el principal con los daños colaterales. En una ocasión, sin saber cómo avanzar en una trama, quemé vivo a uno de los principales… solo para seguir manteniéndolo vivo pero en estado crítico por varios capítulos, como el fuego que alimenta la trama…  ¿funcionó? Sí, y la trama se fue por un lugar que nunca había imaginado. Para qué decir del final…

Demasiado cariño por los personajes convierte la trama en un jardín de niños donde no pasa nada más allá de tirarse tierra en las caras y llorar por un dulce. Yo prefiero el fuego y el desespero frente la tormenta imparable a ese griterío banal de los justos. Nada mejor que esos momentos donde la fragilidad humana y el hambre por justicia no sirven de nada. Como la vida misma…


De eso se trata escribir buenas historias. 



miércoles, 22 de febrero de 2017

Bloqueo de Escritor

Vamos a dejar algo claro al tiro: no existe eso del bloqueo de escritor.

Así no más.

¿Cuántos blogs se llenan  con consejos para salvar esta “tan terrible” condición que debe pasar cada escritor en el mundo? ¿Cuánta tinta vertida por nada?

Y es pura letra muerta.

O se tiene o no ganas de escribir. No se puede forzar la inspiración.

La experiencia me dice que sin trabajo no hay inspiración que venga. Es cuando estás en medio de algo que todo fluye como el agua: leyendo, escribiendo o escuchando música o viendo una película que viene la musa a uno; cuando garabateo en mi libreta ideas sueltas que no parecen llevar a nada, y cuando estoy editando o maquetando un proyecto es cuando salta la liebre de la inspiración y debo dejarlo todo para ir por ella hasta ese agujero de gusano que me lleva a nuevos lugares incluso más amplios de los que al comienzo vislumbro.

El “bloqueo de escritor” es una moda. Una palabrita interesante a la que echarle mano cuando no tienes ganas de escribir, o tiempo o simplemente no tienes nada  que escribir. Es como un auto-halago exclamar con cierta molestia fingida que tienes un “bloqueo de escritor”, que “no puedo salir del bloqueo”… lo hace sentir a uno como más importante, mas intelectual, más culto; te hace creerte que eres interesante cuando vas por ahí diciendo que sufres de lo mismo de lo que los escritores famosos sufren.  

Ah… el ego es la muerte del arte… 

¿Qué hago yo?

Cuando no me sale de los huevos escribir, cuando la hoja en blanco no me dice nada, edito, fumo, releo, corrijo mis manuscritos, hago más  borradores, me mantengo al lado de los libros que tengo pendientes por leer y los leo, y oigo música, y empiezo de nuevo… Porque eso es ser un escritor, es más que un hobby, es más que un trabajo, es una forma de vida, una forma de afrontar el mundo sin enloquecer: es la razón por la cual aun camino con la frente en alto.




miércoles, 15 de febrero de 2017

Se busca inspiración… recompensa por inbox



   Te despiertas a las tantas de la mañana desesperado por escribir algo que soñaste, las palabras no cuajan, los dedos se pegan, el teclado es borroso, pierdes tus lentes entre tanto, pero luego de 2 horas de teclear aparece algo que parece un cuento salido directamente de una hermosa pesadilla…

   De ahí viene mi inspiración,  no de un ensueño lejano, de una utopía perfecta, sino del horror, del miedo, del insomnio que también trae demonios, pero sobre todo, de las pesadillas.

   La mayoría de esas cosas salen como el vomito: de golpe, sin avisar, dejándote incluso atontado. Por eso duermo con el pc encendido y un cuaderno y lápiz a mano por si acaso. Esas cosas no se planean.

- oye, ¿de donde sacai tus ideas?

- es que tengo insomnio...

   Eso le respondí a un compañero de trabajo que leyó uno de mis borradores. No le iba a dar una conversa gratis diciéndole de donde saco mis ideas. No tengo tiempo para perder con gente que no lee si no están obligados a leer… Pero ¿por qué leyó uno de mis cuentos? Porque estaba ahí el borrador y él no tenía otra cosa que hacer así que se lo pasé para que se entretuviera y me diera su opinión, que fue “está bueno”. La sorpresa fue que dos meses después me preguntó si había terminado el “cuento” porque lo quería leer completo. Algunas veces recupero la fe en la humanidad.

   Llevo  un buen tiempo durmiendo bien por culpa de las vacaciones, casi sin insomnio… y no he escrito nada, no tengo pesadillas, duermo como tronco, en pocas palabras: no tengo inspiración.
Volviendo al trabajo seguro vuelve toda la inspiración, junto con el estrés y el insomnio y las pesadillas, como en una maldición gitana. 

   Pero justo ahora, no tengo inspiración… 


lunes, 6 de febrero de 2017

Una sola vez publicado... pero solo por "la causa"

Es difícil salir del hoyo de la no-publicación... sobretodo si no te interesa...

Es verdad, una vez fui público, una vez estuve en papel, una vez me dijeron "lo tuyo son las letras", y me la creí, y cedí los derechos y...

Me cagaron. Así no mas.

Tenía apenas 16. ¿Qué mierda iba a saber? Por lo menos fue un cuento no mas. Nada importante, un cuento desechable, incluso. Cuando lo releo me grito "¡pero, huéon! ¡la hueá pendeja! ¡la hueá penca! ¿Como chucha alguien pudo ganar plata con cuentos tan malos como estos? (era un compilación, he ahí el asunto)

La cosa es que alguien sí se forró con ese compilado de cuentos. Lo vendieron a 3 mil pesos de la época (1992) en librerías y mas encima del barrio alto. Supimos bien tarde que la tirada de 3 mil ejemplares se agotó y publicaron otra tirada igual.

Nosotros no vimos ni uno.

Pero la hueá es que a mi no me importó. Por esa época yo ya tenia pega. De músico, pero era un trabajo en el que te pagaban al tiro. Lo de la "literatura" no era mas que una afición. Como el porno.

Recibí un par de premios mas tarde, uno de ellos en dolares, por un cuento que hasta hoy considero malo, pero que me dio algo de plata para terminar mis estudios y eso sería todo el cuento con la "literatura"...

Pero no era así. Esto de ser escritor es como tener parkinson, no lo puedes evitar, lo puedes ignorar, lo puedes tratar como un dolor de cabeza, lo puedes obviar, pero no, ahí tienes los borradores, los libros apilados, las agendas con notas, los dibujos de personajes...

Se nace escritor y se hace a uno mismo un escritor,  pero.. si ahora puedo publicar, si ahora puedo incluso darme el lujo de  (gracias a otros concursos, llamadas telefónicas de agencias, ofertas de algunos sitios de publicación on line, y, sobre todo, a que guardo algo de plata para la auto publicación tan soñada...)  publicar por mi cuenta o por la de una editorial "buena" ¿porque mierda no lo hago?

.... He ahí el dilema....